viernes, 16 de septiembre de 2011

El peligro de la rutina

Suerte la de estos compañeros, que seguro que pasaron un rato de los más desagradable y a su vez peligroso. En el momento que menos te lo esperas...aparece el peligro.


Las personas que estamos a pie de calle, sabemos lo peligroso y poco valorado que es por nuestros políticos, que si ellos tuvieran que ponerse chalecos antibalas, seguro que no saldría de su sueldo...

Lamentable tener que depender de nuestro sueldo para utilizar medios para salvar nuestras vidas, pero sin olvidar que tenemos que proteger a la de los demás...es lo que hay.


Los presupuestos en seguridad, ¿donde están? A perdón, que seguro que hay dinero para los sindicatos, artistas - cineastas y otros fondos perdidos sin fundamento alguno...

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http://www.larazon.es/noticia/4626-que-me-muero-que-me-muero

Fuente: La Razón

domingo, 11 de septiembre de 2011

Que razón más grande...



Simplemente genial, Arturo Pérez Reverte.


XLSemanal - 22/8/2011


http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/617/sobre-imbeciles-y-malvados/





Sobre imbéciles y malvados


No quiero, señor presidente, que se quite de en medio sin dedicarle un recuerdo con marca de la casa. En esta España desmemoriada e infeliz estamos acostumbrados a que la gente se vaya de rositas después del estropicio. No es su caso, pues llevan tiempo diciéndole de todo menos guapo. Hasta sus más conspicuos sicarios a sueldo o por la cara, esos golfos oportunistas -gentuza vomitada por la política que ejerce ahora de tertuliana o periodista sin haberse duchado- que babeaban haciéndole succiones entusiastas, dicen si te he visto no me acuerdo mientras acuden, como suelen, en auxilio del vencedor, sea quien sea. Esto de hoy también toca esa tecla, aunque ningún lector habitual lo tomará por lanzada a moro muerto. Si me permite cierta chulería retrospectiva, señor presidente, lo mío es de mucho antes. Ya le llamé imbécil en esta misma página el 23 de diciembre de 2007, en un artículo que terminaba: «Más miedo me da un imbécil que un malvado». Pero tampoco hacía falta ser profeta, oiga. Bastaba con observarle la sonrisa, sabiendo que, con dedicación y ejercicio, un imbécil puede convertirse en el peor de los malvados. Precisamente por imbécil.

Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en limpio. Pienso en la ampliación de los derechos sociales, el freno a la mafia conservadora y trincona en materia de educación escolar, los esfuerzos por dignificar el papel social de la mujer y su defensa frente a la violencia machista, la reivindicación de los derechos de los homosexuales o el reconocimiento de la memoria debida a las víctimas de la Guerra Civil. Incluso su campaña para acabar con el terrorismo vasco, señor presidente, merece más elogios de los que dejan oír las protestas de la derecha radical. El problema es que buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que, pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo, secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro.

Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad, trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.

Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted, señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico, comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete años.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Menores Gogós





Gogós de 14 años por 50€




Gogós de 14 años por 50 euros


Es sábado, seis de la tarde. Luis (nombre ficticio) lleva a su hija de 14 años en coche al centro de Madrid. Lo que su «pequeña» le ha dicho es que va a salir con sus amigas. Lleva unos vaqueros y una camiseta normal. La deja en la calle Barcelódonde se ubican algunas de las discotecas de renombre de la capital, la mismas que acogen sesiones light (para menores de 18 años) todos los sábados al año. Lo que Luis desconoce es que su hija, a la que tiene que recoger a las diez de la noche, cruzará la puerta de una de estas salas y ya en el baño cambiará su indumentaria por un corpiño negro de encaje que resaltará sus voluminosos senos, un atuendo que adornará con un liguero de leopardo y unas medias de rejilla. Para culminar, unos tacones de diez centímetros y la plataforma de la discoteca la elevarán durante más de dos horas a lo más alto del recinto. Su cuerpo se meneará al son de la música bajo la atenta mirada de centenares de adolestentes con las hormonas revolucionadas.
Llegan las 21.30 horas. Esta «cenicienta» descocada vuelve a su uniforme de niña buena y pasa por caja para cobrar, de forma ilegal, 50 euros. A la salida le espera su padre, quien se la lleva de vuelta a casa. Pero el secreto de esta princesa acabó el pasado mes de marzo. El de ella y el de otras siete niñas que eran captadas por los organizadores de estas sesiones light para bailar en discotecas de prestigio de la capital. Una exhibión de su cuerpo y su arte para moverse que les reportaba en algunos casos unos euros y en otros, consumiciones y la entrada gratuita al recinto.
Los agentes tutores del departamento de Menores de la Unidad Central de Investigación de la Policía Municipal de Madrid llevaron esta investigación. Duró tres meses y fue puesta en marcha por requerimiento del Defensor del Menor, Arturo Canalda. Los agentes peinaron todas las discotecas madrileñas hasta que un fin de semana de marzo vieron que había una red donde unos niños contactaban con niñas para ejercer de gogo's y relaciones públicas. A su vez, estas jóvenes contactaban con otras.

Operación compleja


La operación se saldó con 14 personas imputadas por un delito de corrupción de menores tras detectar a ocho bailarinas de entre 14 y 15 años en ropa ligera en diversas discotecas importantes de la capital. Están imputados los dueños de las salas, los relaciones públicas y los que llevan la empresa de eventos.
Actuaban tres o cuatro niñas por sesión. Todas, adolescentes de bien procedentes del barrio Salamanca, Aravaca o Alameda de Osuna, entre otros. «El problema es que ven que con su cuerpo pueden obtener dinero y no dejan de prostituirse por dos coca colas», explica el oficial Juan Manuel González, quien coordina la figura de los 190 Agentes Tutores de Madrid desde la Subinspección Central de la Policía Judicial.
A las niñas gogós se las filió y se las citó para declarar. Se llevó a cabo un reportaje fotográfico que se envió al fiscal. En las imágenes aparecían las adolescentes, que aparentaban ser mayores de edad, vestidas como la chica que se ve en estas páginas. Los padres de las identificadas estaban indignados cuando la Policía les llamó para contarles lo sucedido y les mostraron las imágenes.

Sesiones light


En las sesiones light, según detallan los Agentes Tutores, se cumplen los aforos y no se vende alcohol, pero alrededor de las discotecas hay establecimientos de alimentación que suministran bebidas etílicas a los menores. «A veces se las apañan para meter en el interior botellas pequeñas. Las introducen en los bolsos y luego la mezclan con los refrescos», apuntan. Todos los sábados, desde 2010, se monta el servicio de los Agentes Tutores, vigías de los menores madrileños, alrededor de estas funciones. Las fiestas se detectan a través de las redes sociales y se celebran los sábados de 19 a 21 horas. Si se descubre droga en el interior de la sala se levanta acta. Si hay permisividad del recinto, la diligencia se manda a la Comunidad de Madrid para que tome cartas en el asunto.

Salas latinas, otro ambiente


La función de estos policías se centra más en exteriores que en el interior de la discoteca, pero su mano llega hasta la pista de baile. En las afueras detectan: microbotellones, chinos vendiendo alcohol y si se incautan sustancias como tabaco o droga a los menores se avisa al padre, ya sea por tenencia o por consumo, una sanción que puede acarrear 350 euros.
Desde la Unidad de Menores informan de que en en el interior de discotecas latinas sí que se han requisado bebidas alchólicas. «Es otro mundo, otro ambiente. Están más desinhibidos sexualmente y, por ejemplo, piden que quiten el aire acondicionado para crear un ambiente más caliente e incluso hay más consumo de drogas en el exterior», señalan.
http://www.abc.es/20110815/madrid/abcp-gogos-anos-euros-20110815.html