domingo, 17 de abril de 2011

Cronología de un crimen


CRONOLOGÍA DE UN CRIMEN


17:07 Mari Cruz llama a Manuel y le informa de la pelea con su marido.
Triángulo de amor, triángulo de muerte18:2Manuel envía un SMS a Mari Cruz: «En el sitio», le dice.
18:26 Nuevo SMS de Manuel: «Tranquilizate, haz los deveres (sic) con las niñas o juega con ellas»
18:43 «An (sic) cambiado la cerradura», informa en otro SMS.
19:21 «Para llegar a donde», parece interrogar a Mari Cruz en otro SMS.
19:30 Manuel S.J. asesta una cuchillada mortal a José Moreno.


Triángulo de amor, triángulo de muerte

LOS ACUSADOS:


Triángulo de amor, triángulo de muerteMARI CRUZ A.V. MUJER DEL FALLECIDO Y AMANTE DEL HOMICIDA CONFESO

Mari Cruz A.V. es una enfermera de 42 años, viuda del empleado de funeraria asesinado en el barrio del Carmen. El homicida confeso era su amante. Ella insiste en que no sabía que se disponía a matarlo. El fiscal pide para ella 20 años de cárcel.
MANUEL S.J. HOMICIDA CONFESO

Manuel S.J., electricista de Mazarrón, tiene 39 años. Ha confesado haber dado muerte a José Moreno, lo que dice haber hecho siguiendo los deseos de Mari Cruz. El fiscal también le pide 20 años de cárcel por asesinato.

El día señalado fue el 28 de marzo. Esa mañana, con la selección de los nueve miembros del jurado, dio comienzo uno de los juicios más interesantes de los últimos años, y no sólo por los hechos que serán sometidos a valoración por el tribunal popular: un triángulo amoroso que acaba en asesinato. Desde un punto de vista estrictamente formal, de técnica jurídica, el fiscal y una de las acusaciones particulares mantendrán una dramática lucha contra el abogado de la defensa para intentar probar la culpabilidad, o demostrar la inocencia, según desde qué lado se mire, de una atractiva mujer de 41 años, María de la Cruz A.V., enfermera de profesión, que está acusada de haber inducido a su amante, Manuel S.J., un electricista mazarronero de 39 años, a acabar con la vida de su esposo, José Moreno Muñoz, de 42 años y empleado de una funeraria. Aunque la declaración del homicida confeso y un gran cúmulo de indicios la señalan como 'cerebro' del crimen, ella siempre ha defendido su inocencia con uñas y dientes y se considera una víctima más del suceso: una mujer inculpada por un hombre «ciego de celos» -el autor del acuchillamiento-, quien sintiéndose perdido sólo buscaría evitar que pudiera rehacer su vida lejos de él.
Relato desapasionado
Así ocurrieron los hechos
Siete y media de la tarde del 24 de marzo de 2007. Un hombre robusto, que oculta parcialmente su rostro con una gorra de color naranja, se aproxima por la espalda al empleado de funeraria, que acaba de dejar el coche de los servicios funerarios en un garaje. Una sola cuchillada, asestada con su mano izquierda, penetra por la parte baja del cuello de José Moreno y le atraviesa el cuerpo, en sentido descendente, hasta casi asomar por el costado derecho.
El golpe es mortal de necesidad. Nadie podría sobrevivir a una puñalada como ésa. El cuerpo queda tendido sobre la acera, bañado en sangre.
A lo largo de cuatro meses de intensas gestiones, los agentes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Jefatura Superior de Policía de Murcia agotan, una tras otra, todas las vías de investigación. Hasta que el 25 de julio detienen a la esposa del fallecido, Mari Cruz A.V., y a su amante, Manuel S.J., quien no tarda en confesar la autoría del crimen y en señalar a la mujer como autora intelectual, o inductora, del mismo.
Mari Cruz nunca confesó. Hasta el día de hoy ha mantenido que es inocente y defendiendo que jamás imaginó que su amante acabaría matando a su marido.
Todos los focos sobre ella
La mujer de los mil rostros
Sobre el electricista mazarronero no hay debate. Es el autor material de la muerte de José Moreno. Estando detenido, aunque todavía sin haber prestado declaración, sus hermanas acudieron a visitarlo a Comisaría. Los agentes les permitieron verlo. «Si has hecho algo malo, confiésalo. Nuestros padres nos enseñaron a asumir siempre la responsabilidad de nuestros actos», le dijeron. Y Manuel S.J. cantó de plano.
Contó que el día de autos lo llamó su amante, Mari Cruz, y le relató uno más de los supuestos episodios violentos que habría protagonizado su esposo: había estrellado un plato de macarrones contra la encimera. «Me dijo que la situación era insostenible y que había que arreglarla», relató a los agentes. Manuel, que además contó que la mujer ya le había propuesto en diciembre contratar a unos sicarios para acabar con su marido, creyó haber entendido el mensaje. Se subió al coche, condujo hasta Murcia, esperó a José Moreno en la puerta del garaje de la funeraria y le asestó una única y brutal cuchillada.
El hombre asume su culpa y sabe que deberá pagar por lo que hizo. Otra cosa es cuánto. El fiscal le pide veinte años por asesinato, pero su abogado reclama que la pena se quede en diez, al considerar los hechos como homicidio y concurrir, en su opinión, las circunstancias atenuantes de confesión, colaboración con la justicia y arrebato u obcecación.
De esta forma, el grueso de la atención durante el juicio se concentrará sobre la seductora figura de Mari Cruz. Es la protagonista central de la tragedia por múltiples razones. Por innumerables razones. Es una señora atractiva y de rostro amable. El vértice más elevado de un siempre morboso triángulo de amor. Una mujer infiel. Una aparente arpía, capaz de volver loco de pasión a un hombre, hasta el extremo de convertirlo en un criminal. Una devoradora de hombres. Una manipuladora de fría inteligencia, capaz de conducir a la Policía durante meses por caminos equivocados. O una supuesta víctima de malos tratos. Quizás, incluso, una posible víctima más del asesino que, loco de celos, la estaría inculpando para evitar que pueda rehacer su vida mientras él se pudre en la cárcel.
Muchos indicios de culpabilidad
Pruebas que la cercan
Si todo se limitara a las declaraciones de Manuel S.J. que inculpan a Mari Cruz, la defensa de esta mujer resultaría relativamente sencilla. Sería poco más que la palabra de uno contra la de la otra.
Pero hay mucho más que eso. Hay un enorme cúmulo de indicios de culpabilidad que su abogado, José Pardo Geijo, deberá ir desmontando si quiere que su defendida tenga alguna opción de librarse de la cárcel.
Para empezar, los propios policías aseguran que la mujer siempre trató de entorpecer la investigación. Apenas unas horas después de producirse el asesinato, al ser citada para prestar declaración en Comisaría, se presentó acompañada de un abogado. Una circunstancia que ni los más veteranos del grupo de Homicidios habían vivido antes. ¡La viuda de un hombre recién asesinado dando las primeras explicaciones con asistencia letrada!
Además destacan su extraordinaria frialdad -«no derramó una sola lágrima», sostienen- y el gran número de detalles que aportó, algo también extraño en alguien que debía estar conmocionada y aturdida por un golpe emocional de tamaña magnitud.
Más aún, no sólo ocultó que tuviera un amante, sino que durante meses habría tratado de entorpecer la investigación, llevando a los agentes por la senda equivocada de unos supuestos problemas de su esposo con un constructor, de sus relaciones con mujeres de la noche, de sus «contactos con una mafia»...
Otro hecho, no menos poderoso, es que casi nadie, salvo la mujer y algún compañero de trabajo, sabía que José Moreno iba a hacer un servicio funerario esa tarde, ya que no le tocaba trabajar y aceptó hacerlo como algo excepcional. De lo cual se deduce que sólo Mari Cruz podía haber informado a su amante.
Por último, el autor material del crimen y la supuesta inductora cruzaron ese día once llamadas telefónicas y un número indeterminado de mensajes de móvil, cuatro de los cuales pudieron ser recuperados por la Policía.
El primero de ellos, de las 18.20 horas, apenas una hora antes del asesinato, fue enviado por Manuel S.J.: «En el sitio», informó a Mari Cruz. El segundo, a las 18.26 horas, dice: «Tranquilízate. Haz los deveres (sic) con las niñas o juega con ellas». Otro, a las 18.43 horas, alerta: «An (sic) cambiado la cerradura». Lo que apuntaría a que la mujer incluso pudo facilitarle una copia de la llave de la cochera para que lo esperara dentro.
El último, a las 19.21, pregunta: «Para llegar a donde». Manuel declaró que Mari Cruz le había enviado un SMS previo, diciéndole que su marido llegaría a las 19.30 horas.
Una vez que Manuel había asestado la cuchillada mortal a José Moreno y había tomado el camino de regreso a Mazarrón, trató de ponerse en contacto con su amante, en dos ocasiones, pero el teléfono de la mujer estaba apagado.
Ella sí telefoneó más tarde, a las 20.56 horas y a la 21.40 horas, al móvil de su esposo. Un dato que las acusaciones interpretan como un deseo de comprobar que ya no respondía -y, en verdad, no respondió- y que la defensa sin duda señalará como una prueba más de que Mari Cruz no imaginaba que iban a matar a su marido.
Porque el letrado Pardo Geijo insiste en que la mujer es inocente y que el cruce de llamadas y de información que se cruzaron es lógico entre amantes. «Pero ella jamás pensó que iba a matarlo», ha afirmado siempre. Pero sabe que tendrá que pelear duramente esa verdad en el juicio.
Autor: Ricardo Fernandez

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