Anthony Fraser es uno de los prófugos más buscados en España. Lleva el crimen en la sangre. Su padre es narco. Y su abuelo un gánster que arrancaba dientes con alicates de oro y que hoy hace de macabro guía turístico en Londres

Los sábados y los domingos por la mañana, frente al número 4 de la calle Browning de Londres, un elegante anciano con traje oscuro a rayas y camisa blanca sin corbata se sube a un minibús con 16 turistas. No cabe ni uno más. Es el guía de una de tantas visitas panorámicas que a diario recorren la 'city'. Pero esta no pasa por el Big Ben, el Palacio de Buckingham o el Soho. El minibús callejea lejos del circuito convencional. El clímax, el punto álgido de la visita, ese que desata movimientos inquietos y cuchicheos entre los viajeros, llega al poner el vehículo rumbo al hospital de Whitechapel. Cuando el edificio aparece a la vista, el anciano trajeado carraspea, eleva el tono solemne de su voz y suelta: «Allí encontraron descuartizado y liado en una manta a Eric Mason».
Frankie Fraser no es un guía turístico cualquiera. En el Reino Unido es más conocido por su gráfico apodo: 'El Dentista Loco'. Un sobrenombre ganado a pulso: el que demostraba para arrancar dientes de cuajo a todo aquel que quedaba al alcance de sus alicates bañados en oro, herramienta maestra en sus interrogatorios como matón de los Richardson. El enfrentamiento de esta mafia con la banda enemiga de los Kray dejó Londres sembrada de cadáveres en unos sangrientos años 60. Francis Fraser Davidson (Lambeth, Inglaterra, 1923), el elegante y cordial anciano del traje a rayas, tiene a sus espaldas medio siglo de experiencia como gánster, ha sido considerado por dos ministros del Interior como «el hombre más peligroso del Reino Unido» y se ha pasado 42 años a la sombra por 26 condenas. Entre ellas, el asesinato de dos gánsters rivales. La Policía londinense ve su marca personal tras otros 38 crímenes. Pero su autoría jamás se pudo probar.
El nombre de Frankie se ha vuelto a poner estos días de actualidad por las correrías de su nieto Anthony Fraser. De casta le viene al galgo. El vástago del clan mafioso es un delincuente huido que se esconde en algún punto de Alicante o la Costa del Sol. No solo la Policía va tras sus pasos. La organización Crimestoppers, con delegaciones en todo el mundo y afanada en dar con los huidos más escurridizos, ha paseado por España la foto de Anthony. Junto a él, los rostros de otros británicos buscados por asesinato, pedofilia o secuestro. Lo mejor de cada casa... El delito del 'pequeño Fraser', intentar inundar Gran Bretaña con un cargamento de marihuana valorado en cinco millones de libras y oculto dentro de pollos congelados.
No es el único de la familia que sigue el camino del abuelo. El padre de Anthony e hijo de Frankie, Frank Junior, fue condenado en 1999 a cuatro años de prisión por tráfico de cocaína. David, tío del ahora buscado en España, también anda a la sombra por drogas. Y otro nieto del sanguinario 'dentista' acabó igualmente preso por robo a mano armada. Aficionados comparados con el capo Frankie...
El loco Fraser estaba abocado al crimen desde la cuna. Era el pequeño de cinco hermanos. Siendo un bebé, la familia se mudó del suburbio de Lambeth a los muelles londinenses. Su padre era marinero y junto al Támesis se criaba el hampa de la capital. El propio Frankie lo reconoce en su web (sí, también tiene... www.madfrankiefraser.co.uk): «La gente allí era dura, áspera y lista. Cada familia andaba metida en el crimen. Había más posibilidades de ganar la lotería que de encontrar gente honrada». Con 6 años, él y su hermana Eva ya eran dos pillos que recorrían Londres birlando bolsos y carteras. A los 14 pisó el primer calabozo por robar un paquete de tabaco.
Robo al tren de Glasgow
La II Guerra Mundial se cruzó en su camino con 16 años. Lejos de arruinar su vida, para Frankie fue su trampolín delictivo. No tardaron en llamarle a filas, pero él desertó y campó a sus anchas por un Londres vacío de policías y tomado por el caos. El joven Frankie se cebó con el pillaje en comercios bombardeados y asaltando colas de racionamiento. «La guerra fue maravillosa para ladrones y mafiosos. Nunca perdonaré a Hitler que se rindiera», confiesa abiertamente en su web.
El robo a una joyería acabó con sus huesos en la cárcel al terminar la contienda. La primera prisión de las veinte que ha pisado. Tiempo suficiente para fugarse de varias, intentar asfixiar a unos cuantos funcionarios y ser diagnosticado de problemas mentales. Pasó también por numerosas penitenciarias psiquiátricas. Y en cuanto dejó la trena reinició su escalada delictiva. Fue reclutado por la mafia de los Richardson: la banda de la tortura. En una húmeda planta baja de Atlantic Machines, una empresa de máquinas recreativas creada como tapadera, fijaban a sus víctimas en el suelo: ensartadas con siete clavos. Luego les arrancaban los dedos con tenazas. Frankie incorporó su especialidad como 'dentista'. A los 21 años ya se había manchado las manos de sangre. La de su compañero de clan Eric Mason, la 'estrella' de sus rutas turísticas. Discutió con él, le pegó un tiro y lo descuartizó con un hacha. Otro gánster 'amigo', Richard Hart, corrió similar suerte por pelearse con él. El 'dentista' Fraser siempre fue de genio fácil.
Su mayor golpe fue uno de los robos míticos de la historia delictiva. El 8 de agosto de 1963, junto a otros 14 ladrones, detuvo la marcha del tren del Correo Real que unía Glasgow con Londres. El botín, dos millones y medio de libras, lo que hoy serían 29 millones de euros.
En 1985 salió de prisión para no volver a pisarla. Uno de sus hijos lo esperaba en la puerta de la cárcel con un Rolls Royce. Empezaba la vida de lujos, fama y escenarios de Frankie Fraiser. Ni siquiera hoy se arrepiente. «Si pudiera echar atrás el reloj, no cambiaría nada. Lo único, intentar no ser atrapado». Ha escrito tres libros, ha pasado por innumerables platós de la televisión británica, ha protagonizado una obra de teatro y la productora Classic Media Entertainment prepara una película sobre su vida. Y cada fin de semana enseña el pasado del hampa londinense a los 16 turistas que se unen a su ruta. Un paseo por escenarios de crímenes, la planta baja en la que se planeó el asalto al Correo Real o la tumba junto a la que los Richardson le daban órdenes. Cuatro horas de excursión por 45 libras. «A cambio, buena charla y una copa conmigo. No pueden negarse...», advierte Frankie en su web. Cualquiera lo hace...
Autor: Arturo Checa



