La locura de El Malvado - Capitulo IV -The “Little Blue” history - CAPITULO IV -
¿Qué hace que un joven mate a sangre fría? ¿Es la guerra de pandillas? ¿Por qué ocurre lo mismo en el Congo, donde los boy soldiers disparan y mutilan en una guerra tribal? ¿Están locos? En Estados Unidos, un científico halló una pista en el cerebro de los jóvenes y un especialista en hechos atenuantes utiliza esto para salvar la vida de condenados a la pena capital.
Autor: Daniel Valencia Caravantes
Enlace: http://www.elfaro.net/es/201102/salanegra
20 de octubre de 2006. Stafford, Virginia, Estados Unidos. Un pandillero de la Mara Salvatrucha está a un paso de caminar por el pasillo de la muerte. Está acusado de asesinar, junto a un joven de 17, a Shannah Marie Ángeles, de 21. En Virginia, el secuestro y asesinato merecen la pena capital. Los acusadores quieren pedir esa condena al jurado, pero la defensa quiere salvarle la vida a “Little Blue”, entonces de 31 años.
La defensa le pide ayuda a un especialista en hechos atenuantes llamado Richard McGough. A McGough con frecuencia terminan creyéndole en Estados Unidos a la hora de que los fiscales evalúan pedir pena capital o no para un delincuente. Antropólogo de la Universidad de Carolina del Norte, él es invocado por la defensa cuando en los casos hay que bucear profundo en territorios inexplorados. Como lo hiciera el mejor buzo, McGough se sumerge en las historias, descubriendo recuerdos hundidos de los acusados. En los últimos 23 años ha colaborado en más de 70 casos de pena capital, y siempre intenta –me dice- convencer a los fiscales de que ocurrió algo en la vida de los acusados que de no haber pasado, a lo mejor –un quizá razonable- estos no hubieran hecho lo que hicieron. Para lograr todo esto, McGough cita a expertos, conjuga investigaciones científicas y habla de unos lóbulos frontales que en la adolescencia todavía no se han desarrollado, un descubrimiento que ocurrió muchos años atrás, cuando un científico de nombre Jay N. Giedd metía niños en un túnel para que el túnel develara los secretos que hay en sus cerebros. Luego invoca a más especialistas para explicar que si algo traumático ocurrió en la adolescencia de sus clientes, es probable que esos lóbulos hayan quedado averiados para siempre. Para siempre. Pero como dijimos, para que McGough logre atar los cabos, debe bucear profundo en las historias de vida de sus clientes. Historias como la de Little Blue.
Aquella vez, McGough armó maletas, tomó un avión y salió desde Virginia, Estados Unidos, hasta San Miguel, El Salvador. Viajó para encontrar una pista que salvara la vida de Little Blue. Y sólo lo podría lograr si era capaz de entender plenamente la vida de José Santos Portillo, salvadoreño nacido en 1975 en San Luis de la Reina, en el norte de San Miguel.
Cuando Portillo era niño, las metralletas que rugían cerca del pueblo lo asustaban. Otras veces, muchas veces, la guerra le rozaba los talones cuando huía de los enfrentamientos entre el ejército y la guerrilla junto a su familia. Portillo, un niño inocente, que nada le debía a los dos bandos en conflicto, que nada tenía que ver con ellos, creció con miedo.
Un día, después de tanto huirle a la guerra, Portillo terminó viviendo en el pueblo de Chapeltique, al sur de su poblado natal. Un día, después de muchos días, el adolescente fue brincado por vatos de la Mara Salvatrucha que habían llegado deportados. Y ellos le hicieron ver cosas y le pidieron que hiciera cosas.
Un día, después de tantos días, Portillo decidió marcharse. Y recorrió un largo camino hacia el norte, hacia el lugar del que habían venido aquellos que lo brincaron. Y todo lo que había sufrido en la guerra, el impacto de las huidas, el miedo pisándole los talones, se fueron también con él. La pandilla lo ubicó rápidamente. En Virginia, Portillo trabajaba en una pizzería, mandaba remesas a su abuela y vivía una vida “normal”. Pero un día, el 22 de julio de 2006, la pandilla le pidió que hiciera algo. Y él ya no podía negarse.
Richard McGough recogió esta información y regresó a Estados Unidos. Ese era su atenuante. La defensa convenció a los acusadores –antes de ir a juicio- de que si Portillo no hubiera sufrido los traumas que sufrió, hubiese existido una posibilidad de que no actuara como actuó. Para explicar esto apeló a la ciencia, y a lo que la ciencia habla sobre los lóbulos frontales mal desarrollados en el cerebro. De cómo esto afecta a niños y adolescentes. De cómo la exposición –y actuación- en un ambiente violento condiciona -para mal- a un ser humano. Portillo salvó su vida, y ahora cumple cadena perpetua en la prisión.
Hace dos fines de semana, le conté al especialista el caso detrás de la fotografía en donde tres jóvenes están esposados sobre la cama de un pick up, y uno de ellos lleva el pantalón bañado en sangre. Le pedí que me explicara, desde su experiencia, si estas nuevas teorías científicas pueden ayudarme a encontrar una respuesta a mis preguntas.
—En parte —me responde-. Sería incorrecto plantear que un joven de 16 años decidió por su parte, solo, matar de esa manera. Quizá un joven de 16 años hizo algo tan horrible porque quizá había otra persona mayor que se lo demandó. Siempre es importante tratar de entender las circunstancias.
—¿Por qué un joven pandillero puede matar a sangre fría?
—Creo que todo converge en la unión de razones sociales con razones químicas, físicas y orgánicas. Primero, uno tiene que considerar las condiciones sociales. ¿Quiénes son los más afectados por la violencia? Los jóvenes que son víctimas de las pandillas. ¿Qué son los pandilleros? No vienen de las familias ricas, de las familias que tienen recursos, entrenamiento moral, posibilidades. Siempre son los jóvenes pobres los afectados. Los reclutan las pandillas porque son débiles, no tienen apoyo social, familia, recursos, nada.
—¿El problema no está en su cabeza?
—Sí, también. Hay razones químicas y físicas que pueden explicar –quizá- que el crecimiento anormal del cerebro de estos jóvenes, posibilite que puedan cometer algo así. Porque no tienen la capacidad de considerar las consecuencias. Pero bueno, tampoco hay entrenamiento moral que combata esto. Las fuentes morales son la escuela, las iglesias... tú conoces mejor cómo está eso en tu país.
—Portillo participó de un asesinato siendo adulto. ¿Alguien que estuvo expuesto a la violencia, que la ejerció joven, no tiene retorno?
—Hay ejemplos de jóvenes que han salido de esa vida. En África hay muchos boy soldiers que han salido de eso y son normales, entre comillas. Han llegado al punto de ser seres humanos moralmente. Es que se entra en terreno desconocido cuando uno habla de un ser humano normal...
Continuará...
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