La locura de El Malvado - Capitulo VII -
¿Qué hace que un joven mate a sangre fría? ¿Es la guerra de pandillas? ¿Por qué ocurre lo mismo en el Congo, donde los boy soldiers disparan y mutilan en una guerra tribal? ¿Están locos? En Estados Unidos, un científico halló una pista en el cerebro de los jóvenes y un especialista en hechos atenuantes utiliza esto para salvar la vida de condenados a la pena capital.
Autor: Daniel Valencia Caravantes
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elfaro.net / Publicado el 13 de Febrero de 2011
Última entrevista con el psiquiatra forense CAPITULO VII
Néstor Recinos es como un buzo que intenta sumergirse en las profundidades de sus pacientes con una escafandra cuando en otras parte del mundo, otros como él, utilizan trajes de neopreno y tanques de oxígeno. Por ejemplo, su despacho es tan pequeño que solo puede tener dos invitados sentados en sillas, y uno de ellos tiene que sentarse de lado, para poder liberar las piernas. Su oficina es como un cuarto de juguete. Él es uno de 14 siquiatras forenses para un país que factura más de 4 mil homicidios al año, además de cientos de violaciones sexuales. Pero como él mismo dice: a quién le importa entender cómo nos afecta la exposición a tanta violencia. Igual, él intenta bucear, con el poco oxígeno que tiene, en la vida de asesinos bien asesinos, de violadores en serie, de pandilleros. Recinos es el símil de Richard McGough pero en versión salvadoreña. Para él y sus compañeros es tanta la demanda de trabajo –desde hace 17 años- que intentan hacer en una hora lo que otros logran conseguir durante semanas, meses. Recinos es el coordinador del departamento de Psiquiatría Forense de Medicina Legal de El Salvador.
Recinos es un tipo que no se casa con teorías. Aunque a veces se aventura a plantear algunas hipótesis. Por ejemplo, él cree que el país, por lo que ha visto y escuchado, todavía no ha visto a un psicópata nato. Aunque sí hay -pero de nuevo, a quien le importa- asesinos en serie. "Es que no importa si no hay móviles oscuros detrás de las muertes. Un pandillero que ha matado dos o más veces ya es un asesino en serie. De dos para arriba", me dice. Recinos también cree en la multiplicidad de factores para explicar por qué jóvenes, como el que lleva el pantalón bañado en sangre, en la foto, son capaces de hacer eso y más, como mutilar un cuerpo y desfacelar una cabeza. Y luego, de nuevo, después de repreguntarle sobre conductas desviadas, sobre casos horribles, sobre la diferencia que hay entre un joven que ha decapitado o mutilado y un psicópata nato, de esos que vemos en las películas, se avienta al agua con una hipótesis bajo el brazo.
—Puede ser que haya una persona psicópata, y que el otro haya tenido una psicopatización de su personalidad. Que es diferente. El segundo nació normal, pero en el camino tuvo el trastorno antisocial de conducta, después el trastorno de la personalidad antisocial y después hizo una sicopatización de la personalidad. Se hizo psicópata. En cambio la otra teoría dice que el psicópata ya viene, que tiene problemas en el hemisferio craneal, en donde sus zonas del afecto están anuladas o están muy estrechas. Entonces puede matar con saña, premeditar y toda la cosa...
En El Salvador no hay un túnel que se trague a los adolescentes y escupa los secretos de sus cerebros. No hay ni estadísticas confiables sobre la participación de menores de edad en hechos violentos. Sí hay, en cambio, hechos muy puntuales, que están fuertemente relacionados con la guerra de pandillas. Dos de ellos son las fotos en donde un joven tiene el pantalón bañado en sangre y una cabeza decapitada está sin rostro, abandonada en la carretera. Otros tres casos similares ocurrieron en esa misma zona, en Lourdes, Colón, el año pasado. Y un cuarto fue registrado en Soyapango, cuando pandilleros del Barrio 18 decapitaron a un joven cadete que quería ser policía. En todos, los verdugos comprobados -y los sospechosos de cometer los crímenes- son jóvenes. En El Salvador, aunque las autoridades aceptan desconocer qué hay en la cabeza de los jóvenes a quienes persiguen con tanto ahínco, al menos la ubicación geográfica en donde ocurren estos crímenes es en sí una revelación que vale la pena aclarar. Las investigaciones revelan que casos de desmembramientos y mutilaciones solo han sido detectados en la zona norte de la capital y en el departamento de La Libertad (el de Soyapango ha sido una excepción). “No todas las clicas de ambas pandillas hacen eso (decapitar, mutilar, descuartizar)”, me dijo Marco Tulio Lima, jefe de la División Antihomicidios de la Policía Nacional Civil.
Despedida de un reo en Guatemala
Desde hace un mes cargo en el celular dos fotos que me han robado el sueño. Me hubiera gustado mostrárselas a mi interlocutor para que comprendiera, con las imágenes, de qué va la cosa, pero como a los centros penales está prohibido entrar con celular, me tocó describírselas, contarle de qué va esto.
Llegué hasta él, hasta aquella jaula de concreto, porque necesitaba entender las razones de un soldado de esta guerra. De un soldado que haya asesinado joven. Intenté buscar un perfil como el suyo en El Salvador pero todos los contactos me dijeron que sería imposible, porque la cosa en las calles estaba demasiado caliente. En las cárceles, después de tres solicitudes denegadas por Centros Penales, ya ni intenté. Me dijeron que era por razones de seguridad. Por suerte, un contacto me llevó hasta allá, hasta Escuintla, Guatemala, a un sector de una cárcel en donde tienen aislados a pandilleros retirados.
—No entiendo esta violencia —le dije a mi interlocutor, cuando empezamos a conversar. Y entonces él respondió que no entiendo porque no he vivido lo que él y otros más han vivido. Luego me contó su historia, y me confesó que carga una gran culpa, un gran dolor que lo hace arrepentirse de todo. Me dijo que su hermano, su carnal, aquel niño que vagó con él, con frío, por las calles de Guatemala, imitó sus pasos. Me dijo que al verse reflejado en ese espejo intentó salirse y llevárselo con él. Pero su hermano ya estaba “viviendo esos momentos”, como alguna vez lo hizo él, y rechazó sus consejos, como alguna vez hizo él con el consejo de alguien más.
—¡Mirá, carnal! ¡Virguita! —le dijo una vez su hermano menor, refiriéndose a una pistola que portaba cuando tenía 14 años—. Y la traigo llena. Ahorita me voy a ir a libar y solito me voy a sentar a un par de hijos de la gran puta. ¡Si querés, me seguís, si no, a la verga!
Mi interlocutor tiene 26 años. Hace dos años, el 24 de diciembre de 2008, habló por teléfono con su hermano. Hace dos años su hermano tenía 21. Mi interlocutor estaba preso y su hermano en la calle. Los dos ya eran padres de familia. Cuatro primos en total. Los dos ya estaban afuera de la pandilla, aunque uno seguía delinquiendo. Aquella navidad, en el auricular, el hermano menor sonó borracho. Estaba alegre.
—¡Vos, carnal! Acabo de hacer una cacha: ¡15 mil varas tengo! Ando libando y acabo de comprarme un mi mortero. Me pela la verga si me tiran —le dijo.
Mi interlocutor le respondió diciéndole que no fuera bobo, que se fuera con su familia, que dejara de robar, que invirtiera ese dinero en algo propio. Que pensara en el futuro.
—¡Pela la verga! Sin huecadas (mariconadas) de nada, yo te extraño un vergo. Lo que voy a hacer es que te voy a ir a ver un día...
Ese día nunca llegó. Aquella fue la última vez que los dos hermanos se hablaron. El 26 diciembre apareció muerto en Cobán, de dos balazos, el hermano de El Malvado.
Han pasado dos horas desde cuando entramos a esta jaula de concreto y el grupo que reía, a mis espaldas -cuando el Tyson hacía chiste de una tortura- se ha puesto impaciente. Es hora de que cumplamos con nuestra parte del trato, y eso pasa por sacar la pelota, avisar al guardia y salir a jugar un futbolito de seis contra seis. Tyson, Dos Caras y su gente versus El Malvado, mis contactos, y yo. Antes de terminar, El Malvado me confiesa que tiene miedo de que regrese El Malvado. El director de la cárcel quiere enviar a estos retirados a los talleres artesanales a un sector en donde su vida corre peligro. En donde matar es una costumbre. En donde defender la vida, seguro, se logrará aplicando la muerte. Yo, que me he quedado con una inquietud, aprovecho para preguntarle qué fue de los que mataron a su hermano. El Malvado me responde que no lo sabe.
—¿Qué hubieras hecho hace dos años, si hubieras tenido a su asesino en tus manos?
—¿Con el odio que andaba en ese rato? ¡Ay, carnal! ¿¡Qué no hubiera deshecho!? Me lo hubiera llevado a un lugar desolado, donde nadie pudiera oír nada y...
Fin