martes, 15 de febrero de 2011

La Locura de El Malvado - Capitulo I -


La locura de El Malvado - SIETE CAPITULOS -

¿Qué hace que un joven mate a sangre fría? ¿Es la guerra de pandillas? ¿Por qué ocurre lo mismo en el Congo, donde los boy soldiers disparan y mutilan en una guerra tribal? ¿Están locos? En Estados Unidos, un científico halló una pista en el cerebro de los jóvenes y un especialista en hechos atenuantes utiliza esto para salvar la vida de condenados a la pena capital.

Autor: Daniel Valencia Caravantes

Enlace: http://www.elfaro.net/es/201102/salanegra/3530/

elfaro.net / Publicado el 13 de Febrero de 2011

LA LOCURA DE EL MALVADO – CAPITULO I -

Cuando entramos a la pequeña jaula de concreto, el Dos Caras tejía una cartera de lana roja con dos manos que en otros tiempos se sabían despiadadas, capaces de infligir los más terribles tormentos. Pero aquella tarde de enero eran más bien dos manos delicadas realizando ese trabajo con el que uno usualmente asocia a las madres o a las abuelitas. El Dos Caras tejía mientras caminaba, silencioso, de un extremo a otro del cuarto. Cuando venía del fondo, con el perfil derecho a la vista, pasaba inadvertido. Pero cuando regresaba, asustaba. Su perfil tatuado por completo era escalofriante.

Al cabo de un rato, el Dos Caras dejó de dar vueltas y se unió a una tertulia que ocurría a mis espaldas. En esta pequeña jaula de concreto hay otros iguales a él. Son guerreros de otra época, que ahora se saben traidores. Allá afuera, por más que hayan matado mucho, son presa fácil. Yo fui a buscarlos porque son los únicos que pueden saciar la curiosidad que llevo en las entrañas. Cuando fueron soldados, se comportaron como animales. Cuando jóvenes mataron a sangre fría y quiero saber cómo fueron capaces de hacerlo. ¿Qué les pasaba por la cabeza? ¿Estaban locos?

Cuando el Dos Caras se acercó al otro grupo, yo ya había escogido a otro que con sus manos alguna vez arrulló un machete con la devoción del mejor herrero. Este mató por primera vez cuando era demasiado niño -a mi manera de ver- y por eso lo seleccioné de entre todos los demás. Mientras le explicaba el motivo de mi visita, en el otro grupo todos reían a carcajadas. Uno de los anfitriones –negro y fornido- dramatizaba aquella vez en la que con un cuchillo despellejó tanto a su víctima que la mató sin querer. Pelaba los ojos y hacía como que cortaba algo con un cuchillo. Y lo hacía ver bastante cómico, a juzgar por las risas. Ya me habían dicho que esta copia casi perfecta de Mike Tyson era un caso especial, un comediante nato. Aquella tarde lo demostró, porque solo alguien con gracia puede hacer de una tortura un chiste.


Con mi interlocutor estábamos sentados cerca de la ventana hecha de rejas, a cinco metros del otro grupo. Dejó de retocar el escudo del equipo de fútbol de los Cremas de Guatemala -que había pintado sobre un pedazo de durapax- para atenderme. Mi interlocutor estaba sin camisa, exhibiendo los tatuajes en el cuello, el abdomen moreno y el brazo derecho flaco. "¿Cómo son capaces de hacer eso? No los entiendo", le dije, luego de contarle el contenido de dos fotografías.

Historia de dos fotografías

En la primera fotografía hay tres muchachos sentados sobre la cama de un pick up. Van esposados. El más joven esconde el rostro debajo de la camisa. El otro está rapado y tiene una mancha de sangre en el hombro. Y el tercero, el que más llama la atención, tiene el pantalón bañado en sangre. La mancha baja por el muslo y se extiende por toda la pierna, hasta el ruedo. La sangre en ese pantalón era de Julio, joven cortador de granos de café en Lourdes, Colón, uno de los municipios más violentos de El Salvador. La víctima era simpatizante de la Mara Salvatrucha y la mataron porque ofendió a un pandillero. A Julio, de 16 años, lo degollaron. Uno de sus verdugos, José, también tiene 16. Lo picaron con una vara e intentaron cortarlo en trozos con un machete, pero llegó la policía. “Capturados en flagrancia”, tituló La Prensa Gráfica el 5 de noviembre de 2010.

En la segunda imagen, de una bolsa abandonada en el suelo, sobre la carretera, un policía saca un jeans azul húmedo de manchas rojas. El pantalón es pequeño. Quien lo usó era delgado. En la bolsa también hay dos brazos. De la muñeca de uno cuelga una pulsera de tela. La pulsera también va húmeda. En la bolsa también hay dos piernas y un torso sin extremidades. En la bolsa también hay dos orejas y una máscara. Una máscara hecha con piel humana (que tiene huecos donde irían los ojos, cejas y pestañas). Con un corte perfecto lograron dejar intacta la nariz y los labios. Labios de adolescente. Un kilómetro más abajo de donde se tomó la foto, hay una cabeza humana, mutilada, en el fondo de un barril. La foto fue tomada por la policía el 7 de febrero de 2010 sobre la carretera de Lourdes, Colón. Semanas después los investigadores descubrirán que la cabeza tenía 13 años, y que los sospechosos verdugos no han alcanzado la mayoría de edad.

Terminé de describirle estas fotografías a mi interlocutor, en aquella jaula de concreto, y le dije que no entendía el por qué detrás de esta saña. ¡Cómo, tan jóvenes, son capaces de hacer eso! Entonces me respondió:

—Tú no nos comprendes porque no has vivido lo que nosotros hemos vivido.

Luego me dijo que para entenderlos, para comprender sus razones, tenía que conocer sus historias. Él accedió a contarme la suya....

Para la próxima publicación la continuación de este testimonio dantesco de asesinos sin escrupulos...


























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