DURANTE el pasado mes de mayo, Marco sólo vio a sus hijas por la noche. "Y ya estaban dormidas". Una investigación sobre varios casos de secuestros express en Pamplona hizo que él y sus compañeros de Policía Nacional se entregaran a vigilancias interminables, horas de escuchas telefónicas y seguimientos en cualquier momento del día.
PALIZAS BRUTALES DELANTE DE SUS HIJOS
Marco tiene la primera fecha en la cabeza. "El 24 de abril nos llamó un hombre. Había quedado con una chica, pero al llegar en su coche al lugar le asaltaron unos encapuchados, que, amenazándole con una pistola, le obligaron a ir a varios cajeros para sacar dinero. De allí fueron a su casa, le robaron y le dieron una paliza, abandonándole en la calle".
Marco pertenece al grupo que investiga homicidios y robos violentos y dice que el único consuelo que tiene respecto a esa primera víctima es que "parece tener una personalidad fuerte para soportar lo que soportó".
No sirvieron inicialmente de mucho los datos que pudo darles: el teléfono de la chica, su nombre y su dirección. Eran falsos.
Marco confió en que aquello fuera un episodio aislado. Pero a la semana siguiente se repitió. "Al recordarlo me entran escalofríos". Un matrimonio joven había sido asaltado de noche y en su casa. Amordazados y atados a unas sillas, les hirieron con cuchillos, les quemaron con mecheros y les amenazaron de muerte. "Y todo estando sus hijos en la casa. Me ponía en su lugar. Durante el asalto no hubiera podido dejar de pensar en mis hijas".
Dice que con las víctimas existe una especie de escala de valores. Y si quien sufre es un pequeño, un abuelo o una persona minusválida, "es como si la víctima sumara puntos y el delincuente fuera el reflejo de la maldad con mayúsculas". A causa de los niños, Marco se sintió totalmente identificado con esos padres.
Este segundo secuestro les dio algo más de información, una "descripción mínima de uno de los atacantes: tenía acento dominicano y el pelo amarillo oxigenado". Buscaron en sus archivos y encontraron a una persona que parecía encajar con ese perfil. Estaba fichado por maltrato. La víctima parecía ser la chica que hacía una semana había engañado al hombre apaleado.
Marco y sus seis compañeros entendieron que debían dedicarse al caso "las 24 horas del día". "No te puedes permitir que la hagan otra vez". Pero sin tiempo apenas de centrar la investigación, la Guardia Civil les avisó de que habían atendido a una pareja: denunciaba otro secuestro en su casa. Se había empleado una violencia extrema, e incluso habían intentado violar a la mujer.
Los policías obtuvieron más descripciones de los sospechosos e imágenes de su coche, captadas con cámaras de seguridad próximas a las casas de las víctimas. El juez les dejó intervenir los teléfonos de la pareja sospechosa y comprobaron que la banda la formaban siete personas.
El horario de los agentes empezó a depender del de los delincuentes. "Los teníamos controlados todo el día. Cuando volvían a sus casas por la noche, nos íbamos a las nuestras. Aún y todo me marchaba en tensión, dormía con el móvil encendido y al día siguiente lo primero que hacía en el trabajo era escuchar las grabaciones telefónicas y ver que no habían salido de madrugada".
A las tres semanas decidieron detenerlos. Era un sábado, por la tarde, y la banda se había reunido en un bar de San Juan. "Estaban sentados alrededor de una mesa y conversaron durante bastante tiempo. Creímos que preparaban otro asalto y organizamos las detenciones".
Los momentos previos al arresto son tensos. "Hay malos, coches, armas de por medio, y no puedes controlarlo todo ni tener a los GEO contigo las 24 horas".
Pero no ocurrió lo que Marco esperaba: no pudieron arrestarlos porque el grupo se dispersó, quedando sólo dos de ellos, "que se fueron de bares". "Se pusieron tibios de alcohol y discutieron con otro cliente. La liaron tanto que apareció la Policía Municipal. Sin que los malos se dieran cuenta, tuvimos que pedirles que no les detuvieran. Y los agentes aceptaron, a pesar de las críticas que les cayeron de quienes miraban". Pero al poco, Marco y su equipo tuvieron que llamar a la Policía Local. "Se habían enzarzado en otra bronca y finalmente les dijimos que hicieran su trabajo". El dispositivo se vino abajo.
De las conversaciones telefónicas conocieron ligues, problemas conyugales, el gusto de alguno por los clubes de alterne -"de hecho, le arrestamos allí con una buena cogorza"-, que la pareja iba a tener un hijo... También supieron que el principal sospechoso iba a ir en autobús a Madrid el último fin de semana de mayo .
"No se nos podía escapar". Marco y sus compañeros se distribuyeron por la estación y le detuvieron. Viajaba con una enorme maleta donde había objetos robados a las víctimas. Inicialmente el joven lo negó todo. Los policías le dejaron un tiempo en la celda. Saben que la soledad del calabozo puede tener un efecto demoledor en los detenidos. "Una hora más tarde me llamó diciendo que quería hablar". Declaró de siete a once de la noche, sin parar. "Llegó a decirme que veía en mí al padre que no había tenido y lloró en mi hombro".
Arrestaron a los demás, seis dominicanos, un ecuatoriano y una chica colombiana. Salvo uno, todos continúan en prisión. "Lloraron todos, o en los interrogatorios o en el calabozo o en los registros. Tras horas de escuchas telefónicas era como si les estuviera mirando por dentro porque sabía mucho de ellos".
No olvida el agradecimiento de las víctimas. "Recuerdo cuando les dije que ya estaban en la cárcel, que no faltaba ninguno, que todo se había acabado".
Concluido el papeleo, el caso estaba cerrado. Tras varias semanas sin apenas ver a sus hijas, Marco recuerda que por fin iba a pasar el día con su familia. "Justo en el aniversario de mi boda". Pero por la tarde, cuando salían hacia el parque sonó el teléfono. Sus superiores le reclamaban en comisaría porque se iba a dar una rueda de prensa. "Fui con mi mujer y las crías. Mientras mostrábamos a los periodistas el material incautado, las niñas me esperaban jugando en un pasillo con una pelota de goma que les habían dejado los antidisturbios".
Por Laura Puy Muguiro
Fuente: www.diariodenavarra.es
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