domingo, 24 de octubre de 2010
Cocina en la estadística policial
LA ESTADÍSTICA DEL CRIMEN
Si es que no nos ponemos de acuerdo, aquí cada uno hace su guerra por su cuenta, según le interesa.
Lo pero de todo es que cada uno cuenta a su manera....
El ciudadano de a pie NO ES TONTO, siente y padece la delincuencia, y luego las estadísticas demuestras un estado de bienestar, que no sé donde lo ven los "Gobernantes", increíble.
Hagan cuentas señores/as, este reportaje de La Razón, les puede venir bien.
http://www.larazon.es/noticia/8334-las-estadisticas-del-crimen
Autor: Francisco Pérez Abellan REPORTAJES LA RAZÓN
domingo, 17 de octubre de 2010
Lo mejor de cada casa
Los hinchados pacifistas, que alardean de "no violencia", de oprimidos por la sociedad, únicamente se defienden con lo que mejor saben hacer, la violencia.
Aunque confío en que no todos formen parte de los violentos, pero cuando están en calma, seguro que los idolatran como a estrellas.
Pero no queda todo ahí, además la culpa es de la policía o de los políticos que no cantan al son que ellos pretenden marcar.

Con lo bonito que es meterse en una casa "vacía", y decir que la arreglas para vienes sociales....eso son excusas, excusas y excusas para vivir del aire, y además intentar convencer al ciudadano de a pie, que esa forma de vida es la mejor, y es la que todo el mundo debería tener, claro según dicen...
Explícaselo al ciudadano que tiene su trabajito mileurista, su hipoteca millonaria, y una fila de gastos que le llegan al cuello...y convencele que es mejor okupar una vacía, claro como hay tantas.
Los okupas de verdad, son los que se instalaban en cuevas, hacían sus collares, pero no se metían en casa ajena, aún quedan algunos que se han adaptado a todo y mantienen la esencia de la persona nómada, artesana y LIBRE. (sobre todo en Menorca, Ibiza, Canarias) Esos si que merecen un "chapo", ya que siguen con sus ideales y su forma de vida, al margen de política y de allanamientos de morada.

Luego dicen que no les gusta que se metan con ellos, por como visten, y hasta como se comportan, pero ellos si que se meten en casa de alguien que ahorra, invierte en una segunda vivienda y puede que este pasando apuros para arreglarla y para colmo, se encuentra que le han ocupado su casa...
CUAL ES EL FIN, "LIARLA PARDA", HACERSE NOTAR Y LUEGO LLAMAR A CASA A PEDIR MÁS DINERO...
En este enlace José Aguilar (Diario de Sevilla), hace un breve comentario en relación a los acontecimientos ocurridos en Barcelona.
domingo, 10 de octubre de 2010
Siempre presente, que luego vienen los sustos...
RIESGOS BIOLÓGICOS EN LA ACTIVIDAD POLICIAL
Aunque quizá algo tarde, la cultura de prevención de riesgos laborales, se va abriendo camino entre los profesionales del mundo de la seguridad. Como no podía ser de otra manera, actualmente el Policía exige ser dotado de equipos específicos de protección para la desarrollar el singular servicio que la sociedad le reserva.
A lo largo de la historia los hombres encargados de la defensa en un sentido amplio, se han provisto de elementos que reducían el peligro de resultar heridos o muertos; sin duda, los primeros yelmos y armaduras empleadas en la antigüedad, son los precursores de los cascos y los chalecos balísticos actuales, aunque por desgracia, tal como sabemos las amenazas no se limitan únicamente a lo visible, y son muchos los ejércitos que acabaron siendo aniquilados por una epidemia.
Salvando las distancias, hoy día el contagio de una enfermedad, o sencillamente la exposición a un agente tóxico, suponen un riesgo más en la actividad policial y de seguridad, resultando frecuentemente subestimados, por el mero hecho de no ser visibles y evidentes, percibiéndose como algo lejano e improbable. Aunque las estadísticas,
demuestran que para un Policía de servicio en la calle, es tanto o más probable acabar expuesto a una salpicadura de sangre, u otro líquido biológico, que recibir un impacto de bala.
La solución a éste problema, no pasa únicamente por dotar de medios de protección al Policía, ya en su etapa formación inicial recibida en la Academia, el futuro funcionario debe interesarse por conocer las denominadas conductas de riesgo, así como los protocolos de seguridad específicos para el servicio que tenga encomendado, siendo un claro ejemplo de esto último la custodia de personas en Centros de Internamiento, o de Estancia temporal de Extranjeros, los cuales en cuestión de horas se convierten en vectores directos de transmisión de enfermedades endémicas en otros continentes, desconocidas en el nuestro, y en muchos casos con un curso clínico rápido y virulento, de consecuencias a menudo imprevisibles.
Tras esta fase inicial de formación-concienciación, sobre la realidad y alcance de los riesgos biológicos, son muchos y variados los equipos de protección disponibles, si bien existen dos, que destacan sobre los demás por su sencillez de uso, y eficacia, hablamos, de los guantes desechables, y las soluciones desinfectantes.
Los guantes desechables, más adecuados para la función policial, son los de nitrilo ó polímero de nitrilo, un compuesto sintético que además de ofrecer una protección superior a los modelos de látex o vinilo, por su mayor resistencia, mantienen la sensibilidad en el tacto, (imprescindible por ejemplo para valorar las constantes vitales de un herido) con la ventaja adicional de ser hipoalergénicos y no contener polvo. Como desventaja frente al látex y el vinilo su coste económico resulta sensiblemente superior.
En cuanto a las soluciones desinfectantes, las que reunen las propiedades ideales para ser utilizadas por un Policía, son las conocidas como soluciones hidro-alcohólicas pues son la mejor alternativa a la higiene de manos con jabones antisépticos, y agua, que en el contexto de una intervención policial en la calle resulta inviable.
Sus principales ventajas son la rapidez de acción (actúan en pocos segundos) y su eficacia antimicrobiana (son excelentes frente a bacterias, virus y hongos); además no se necesita agua para su aplicación, ni realizar un aclarado final con agua. Secan al aire.
Una preocupación latente en la mente de cualquier Policía, es la posibilidad de sufrir una exposición a sangre o líquidos sanguinolentos, por ejemplo a través de un pinchazo accidental con la aguja de una jeringuilla hipodérmica por ejemplo durante un cacheo.
Una situación en la que pese a la levedad de la lesión física, la merma psicológica que supone para el Policía, puede adquirir una dimensión dramática. Por este motivo debemos comenzar con un mensaje tranquilizador, por lo menos en lo tocante al SIDA., puesto que el riesgo de contagiarse del VIH por una exposición laboral a instrumentos punzo cortantes se ha estimado que es de 0.3%; un porcentaje realmente bajo, pero que no se puede hacer extensivo a la capacidad de contagio de otros virus como puede ser el de la Hepatitis.
En cualquier caso, el arma principal ante estos episodios, es la formación. Si el pinchazo se produce debemos conocer y adoptar de inmediato las siguientes medidas:
Mantener la serenidad y suspender inmediatamente toda actividad física (con el fin de evitar que se dispare la frecuencia cardiaca, y por consiguiente la posible difusión del agente infeccioso.
Exprimir la herida para que sangre, evitando realizar cortes, o succionar la herida, pues ambas maniobras resultan inútiles y contraproducentes.
Lavar con agua y jabón antiséptico, o un desinfectante, si no se dispone de él la solución pasa por acudir al hospital más próximo.
Acudir al hospital, para recibir tratamiento e información cuanto antes.
Tomar muestras para detección de VIH y Hepatitis B y C. (aportar la jeringuilla)
Solicitar apoyo psicológico Inicialmente, se debe considerar que existe un posible contacto cuando la persona con la que ha sufrido el accidente tiene el VIH o cuando se niega a someterse a las pruebas de detección. Con posterioridad al incidente debemos acudir a
los servicios médicos del Cuerpo dejando constancia documental y solicitar que nos realicen una valoración clínicoserológica (analítica) informándonos de todo lo que deseemos conocer. Debemos comunicar cualquier episodio febril o quebranto de nuestro estado general, en los meses siguientes, y podemos solicitar que nos administren una pauta
profiláctica de antirretrovirales.
El seguimiento posterior puede durar hasta un año y entretanto deberemos
comportarnos como seropositivo: absteniéndose de donar sangre, órganos o tejidos y mantener relaciones sexuales protegidas.
Con el fin de clarificar en forma práctica el tema sin pretender abarcar toda enfermedad infecto-contagiosa ni los modos de contagio que pueden no ser uno solo, entenderemos que la respuesta está en seguir una serie de medidas higiénicas elementales, que a menudo se descuidan en su aplicación.
Así enumeramos las siguientes conductas:
Teniendo presentes las anteriores medidas podemos prevenir eficazmente el contagio de enfermedades como Conjuntivitis, Cólera, Difteria, Gripe, Hepatitis A, Meningitis, Parotiditis, Poliomielitis, Rubéola, Sarampión, Tuberculosis, Varicela, etc.
En cuanto a la desinfección de determinado instrumental, debe reiterarse la importancia de hacer uso, en la medida de lo posible, de material de protección desechable, como guantes, mascarillas etc. Aquel material que por su naturaleza no puede ser desechado como es el caso de los grilletes, requiere de una desinfección profunda de carácter regular,
resultando idónea la utilización de esterilizadores similares a los que se utilizan en peluquería, o bien optando por la desinfección química mediante desinfectantes (evitando la lejía, pues el hipoclorito daña el grillete).
Está completamente desaconsejado flamear los grilletes usando productos inflamables, ya que al sufrir temperaturas extremas y contrastes térmicos, pueden perder sus cualidades de durabilidad o resistencia. El uso de lazos y bridas incrementa el riesgo de cortes accidentales que facilitan la presencia de sangre y líquidos biológicos, por lo que su uso
deberá ser siempre temporal y restringido (no reutilizable).
A modo de ejemplo, y como reflexión final, quisiera citar uno de los escasos textos existentes en España sobre éste tema, específicamente orientado a la función policial: el Real Decreto 2/2006 de Prevención de Riesgos laborales para
funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía, el cual en su Art. 12, nos recuerda que corresponde a cada funcionario, en la medida de sus posibilidades, velar por su propia seguridad y salud en el trabajo, utilizando adecuadamente los medios y equipos de protección facilitados por la Dirección General de la Policía.
No es necesario leer entre líneas, de acuerdo con la Norma, a cada Policía le corresponde velar por su propia seguridad, y además utilizar los medios disponibles, por tanto protegerse no es una opción, sino una obligación del funcionario a ojos del Legislador. Sorprendentemente, es posible observar como un Policía puede ser reprendido por su superior por no portar la prenda de cabeza al bajar del coche, pero ¿conocen ustedes a alguien a quien le hayan reprobado por no utilizar los guantes, o no llevar las vacunas al día?
Para terminar una llamada a la prudencia y a la responsabilidad individual: cualquier agente patógeno contraído en el ámbito profesional puede terminar acompañándonos a casa, no perdamos de vista quienes serán las víctimas potenciales.
Autor: José A. COEDO SÁNCHEZ
Diplomado en Enfermería
Nidec eShop
http://www.nidec.es Más información de NIDEC.ES
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domingo, 3 de octubre de 2010
Una Historia De Guerra, por Arturo Pérez Reverte.
ARTURO PÉREZ REVERTE, como siempre, magistral. HOMENAJE A ESTOS GUARDIAS CIVILES.
UNA HISTORIA DE GUERRA
Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.
Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días. Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio. Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganistán. Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos. Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho. Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro. Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.
Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla. Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar. Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.
Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao. De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete. Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta. Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos. Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano. Accedió éste, aunque extrañado por la petición. Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera. En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas. Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.
A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy. Fuente: Arturo Pérez Reverte
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