Aplausos en el ruedo, campanillas de fondo y estocada mortal. La sangre brota como nacimiento de río, entre frías piedras, empañadas de musgo verde y fresco.
Me toco el pecho, y un calor abrasador moja mis dedos de sangre caliente.
La vista no me deja ver las formas, y las figuras se me nublan por momentos.
De repente, vacío...nada que sentir, nada que pensar.
El silencio mata mi sentir...siento frío y desparezco.La plaza se queda vacía y ni el paso-doble "Marcial eres el más grande" de J. Martín Domingo de fondo evita mi inconsciencia eterna.
El sentir cambia de plaza y se traslada, como mensaje instantáneo. La tristeza por mi muerte invade a mis seres queridos, padres, hermanos, amigos, compañeros...lloran mi perdida.
Sufrimiento eterno para los que continúan la faena, y recuerdo permanente que nunca se olvida.
Dos disparos certeros, acabaron con todo. Un encuentro inesperado con los asesinos, terminó con mis ilusiones. Tuve que ser yo.Dos atracadores, sin piedad, destrozaron de dos estocadas percutidas, con la sonrisa de mi vida.
No me dieron opción y mi corazón, bregado en mil batallas, se paró en seco.
Y todo mi esfuerzo diario en trabajar, en cumplir, en salir a la calle con mi uniforme, se esfumó de repente. El calor me quema.
Triste final y desgraciado, que obliga, cada día más, a estar pendiente del "Miura" callejero. Ese "Miura" que anda suelto por todas las Plazas, y que parte con ventaja sobre nosotros.
Aunque los encerremos en mil y una ocasión, siempre son sanados y recuperados, gracias a beneficios penitenciarios, como si de veterinarios se tratase, saneáramos sus heridas para volver a cornear con total impunidad.
Pero compañeros, no pierdan la vista de las embestidas, aunque sólo sea, por arrancar los aplausos de nuestra propia seguridad, no le pierdan la mirada, en cualquier despiste, nos pueden cornear, y no debemos arriesgar.
Recordar que el abrazo al torero, es un gesto puro, pero nosotros no somos toreros, pero prefiero llegar a casa y cerrar la plaza, para olvidarme de los muchos compañeros, que se han dejado LA VIDA EN LA CALLE, por infinidad de circunstancias.
En Memoria de los muchos compañeros, que por diversas circunstancias, han tenido la desgracia de dejarnos antes de tiempo.
Sólo vale la pena luchar y vivir, por lo que se está dispuesto a morir.
Manuel J. Clouthier
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