¿VALIO LA PENA?
Cuando la ley ya no sirve empiezan las guerras.
Pero la policía tiene que librar pequeñas guerras todos los días,
sin saltarse la ley
CAPITULO V
Sencillamente esperó la secuencia lógica de los acontecimientos. Nada le iba a sorprender, estaba preparado.
No le afectaron las noticias de la prensa ni las felicitaciones de las autoridades de la ciudad, ni de sus superiores. Ni siquiera abrió los telegramas y mail que le iban llegando. Si acaso lo que más le afectó fue la entrevista con los padres. Aquellas miradas de cariño y agradecimiento, no las olvidaría con facilidad.
No le afectaron las noticias de la prensa ni las felicitaciones de las autoridades de la ciudad, ni de sus superiores. Ni siquiera abrió los telegramas y mail que le iban llegando. Si acaso lo que más le afectó fue la entrevista con los padres. Aquellas miradas de cariño y agradecimiento, no las olvidaría con facilidad.
Él esperaba. Sabía lo que iba a pasar. La aplastante lógica de las cosas era inevitable. Habló con Encarnita y le dejo caer que tenía que estar preparada para algo malo, pero no quiso explicarle más.
Fue una llamada del propio Juez a su despacho. Le decía que había sido denunciado por el detenido por un delito de torturas y que se veía obligado a recibirle declaración en calidad de imputado, que debía comparecer en el juzgado a la mañana siguiente con asistencia de abogado. Lo sentía mucho pero tenía que comprender que era su obligación y no podía hacer otra cosa, que si lo deseaba podían aplazar la diligencia hasta que recibiera asesoramiento pero que no le quedaba más remedio que incoar diligencias por tan lamentable asunto. Procuraría que no trascendiera a la prensa para evitar escándalos y apelaba a su profesionalidad para guardar también el secreto.
El secreto. ¿Qué secreto? ¿Podía acaso ocultárselo a su familia, a sus jefes, a sus compañeros de la Comisaría, a sus subordinados? ¿Que podía contar sobre aquello? ¿Qué maldita versión podía inventarse?
Lo hecho, hecho estaba y era ridículo y de imbéciles ocultarlo. Nadie hablaba del tema pero todos lo sabían. Hasta la prensa parecía que se había puesto de acuerdo para no remover sobre el asunto, pero era cuestión de días, tarde o temprano aquello iba saltar.
Varios abogados de la ciudad se ofrecieron para asistirle. Le daba igual, no tenía interés en su defensa. Llegado el momento y una vez en el Juzgado simplemente miró al Juez y al fiscal y les dijo:
- ¿Que puedo declarar? Miren, de esto no voy a comentar nada, ni voy a contestar a ninguna pregunta. Ya saben las respuestas. Ustedes hagan lo que tengan que hacer.
El Fiscal a modo de disculpa apuntó:
-Usted sabe que el fin no justifica…
-Por favor, - interrumpió- no siga, cualquier cosa que me digan ya me la he dicho yo mil veces, pero pónganse en mi lugar y díganme que hubieran hecho ustedes.
No hubo respuesta.
Después de todo podía haber sido peor, de momento no le ingresaron en prisión.
Cuando volvió a la Comisaría notó que había algo de revuelo. Aquello seguramente sería cosa del impetuoso García: Jefe estamos con usted y si necesita algo aquí nos tiene. Es una canallada lo que quieren hacerle.
- Señores, dijo con aquella particular forma que tenía de hablar, las cosas son como son y están como están y no las va a cambiar nadie. Muchas gracias a todos y ustedes a lo suyo, a trabajar que es para lo que les pagan.
Dos días después le llegó el oficio vía Jefatura Superior, con una nota personal del jefe: “Mi querido Miguel, lamentándolo mucho debo comunicarte que la Dirección ha acordado tu suspensión temporal de empleo y sueldo conforme al artículo … del reglamento… en tanto se sustancian las diligencias previas... En estos momentos tan duros quiero mostrarte la solidaridad de todos tus compañeros… Te adjunto la resolución de…”.
Poco tenía que hacer allí. No tenía ni efectos personales en su despacho. Reunió a la plantilla en el patio de la Comisaría, les agradeció su colaboración y el afecto recibido de todos ellos, y dio sus últimas instrucciones: Bermúdez queda al mando de la comisaría mientras envían un sustituto, yo me vuelvo con mi familia. Otra cosa García, no organice usted despedida ni nada, puede que dañe la imagen de la Policía. Y fingiendo una inexistente entereza, extendió su mano y uno a uno se fue despidiendo de todos.
-No jefe, usted no se puede ir así. Usted ha dado la cara y nosotros la sabemos dar también, la gente está con usted y esto es una canallada.
-García, déjelo y no echemos más leña al fuego.
Volvió a pasar por las puertas del club, debían estar limpiando porque la persiana estaba medio bajada; se inclinó y se asomó: Sonaba “Angie” de los Rollings. La chica le vio y le reconoció.
- Pase, pase, ¿quiere una copa?
-No gracias es solo que…. me marcho. Quería decirle adiós.
-Si claro, ya me he enterado, supongo que no le queda más remedio que irse, pero mire, no todos los hombres tienen los c… de hacer lo que usted ha hecho. Vuelva, ha dejado aquí muchos amigos.
continuará............
Fuente: Internet
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