domingo, 25 de abril de 2010

¿Dónde invierten nuestro dinero?



No me lo puedo creer, si me lo cuentan, me hago cruces. Las personas cuando cuentan lo precario de su trabajo, te puedes imaginar un almacén descuidado, sucio, con humedad, dependiendo también de lo que se dedique esa persona.

Pudiera ser que trabajara en una oficina y no estuviera bien acondicionada, ya sea porque la empresa no es lo suficientemente beneficiosa, como para tener los mínimos de bienestar, o por dejadez de los que mandan.

En nuestro caso ocurre al revés, la gente de a pie, se cree que llevamos los mejores coches, las mejores furgonetas, las mejores motos, las mejores prendas de abrigo y además con las instalaciones perfectas y siempre mantenidas.

Que error, pues en relación con esto y la SUPER LEY de Riesgos Laborales, en la cual, han tenido que invertir un pastizal, pasaron por todas las Dependencias, tomando notas de todas las deficiencias de las instalaciones.

En algunas dependencias de España, lo mejor era DEMOLER y empezar desde cero, pero para qué, si el dinero está mejor invertido en ayudas a Grecia (más de 3000 millones de euros), que no distamos mucho de ellos, en investigación de la reproducción de la PELLEJO con la almeja macha de Kuala Lumpur o en el cine español, que se yo.

Pero con poner cinta antideslizante en todos los escalones del edificio, señalizar con carteles reflectantes la salida, que por cierto NO HAY OTRA, (un día se me ocurrió seguirlas y salí de dudas, comprobado NO HAY OTRA) y pasar de vez en cuando con la libreta cada poco tiempo haciendo que apuntas algo, ya está arreglado, ahora paciencia.

¿Paciencia? Pero si yo era bien pequeño y las instalaciones del edificio donde me crié, estan completamente IGUAL.

Algo falla aquí cuando bajan las compañeras preparadas para salir a la calle, y en el vestuario femenino NO HAY CALEFACCIÓN, pero DESDE HACE UN AÑO. Sí, sí, desde hace un año, así que las “pobres” han pasado un invierno frío, frío, pero no queda la cosa ahí, la humedad es fiel testigo de los interiores de las congeladas compañeras, que antes de salir a la calle, tienen su primera “pelea” con el frío.

Pero en los demás edificios, por suerte, si que hay calefacción, pero solamente de 8 a 14, claro, mientras los que acudimos a turnos, que una vez entramos de tarde o de noche. C O N G E L A T E.

No es normal, una Institución, que se considera por las mejor valoradas, resulta, que tiene a sus “empleados”, pasando frío, y en edificios que se caen a cachos, vergonzoso.

En cuestión de vestimenta, más de lo mismo, la Ley esa dice muchas cosas, pero luego la realidad, es bien distinta.

El casco de moto no está homologado y se abre con un solo toque, pero claro, ¿no querías un casco?, pues ahí tienes un casco, malo, pero casco.

Los guantes anti-corte, otro tema a discutir, pero yo creo que si nos dan manoplas, hacemos más, de chiste.

Y ahora cambio de uniformidad, presentación por todo lo alto y CUANTO DINERO CUESTA?

Me parece que la partida presupuestaria para mi empresa, es un fiasco y encima reparte dinero para “desconocidos” por amor al arte.

La cara de las personas al escuchar todo esto, se tira de los pelos, y se extrañan de que en pleno 2010, y con la estabilidad que aparenta nuestro trabajo, nos veamos en esas condiciones tercermundistas.

La gente no es tonta, y ve que la Guardia Urbana, Policías Locales, Mossos d´esquadra, etc. tienen instalaciones recientemente levantadas de la nada, con todos los servicios, y con todas las medidas de seguridad correctamente actualizadas. Aunque supongo que alguna instalación vieja también tendrán, pero seguro que no tan viejas como las nuestras.

Precisamente, cuando me dirigía al trabajo, además, un poco antes, decidí ducharme. Mi toalla, mis chancletas, mi paseo por las escaleras donde pasan tod@s los compás, y a mojarse antes de entrar a currar, para ir limpito.

Tras finalizar la duchita y dar gracias, por que había agua caliente, me decidí a salir de la ducha, agarro la manivela y……………HORROR, esta puerta no se abre…derecha, izquierda, derecha, izquierda…

Ya tenía que estar cambiado y mis gritos desesperados, ya me preparaban para pensar que pongo yo en el parte. ¿Que hago? ¿Rompo la puerta?. Seguí gritando y a los 20 minutos, después de enjabonarme y seguir mojándome, en varias ocasiones más, alguien escucho mis berridos, menos mal y con una pequeña ganzuita, consiguieron sacarme de la ducha.

Por descontado que las risas de los tres compys que se unieron al rescate fue pistonuda, pero ya ves que problemas, para poder entrar a trabajar, si no pasan los compys, igual hasta me ponen falta de inasistencia.

En fin, supongo que estas circunstancias están muy extendidas en todas las sedes de nuestra empresa, pero recordad, que esto no va a cambiar, y para el invierno que viene, seguro que las compañeras siguen pasando frío en ese vestuario femenino, y yo me ducharé con la puerta abierta, os lo contaré.



Los ministros que cambian constantemente son un mal; pero hay algo peor, que son los malos ministros los que no cambian nunca.

P. G. Pelet de la Lozere

sábado, 17 de abril de 2010

Y tú, ¿Qué harías?



Recuerdo una vez en el tren de cercanías de Barcelona, dirección Martorell, sentado en frente de una mujer de unos 25 años, yo tenía al lado a una señora mayor, y la joven, a su lado, un chico de unos 23 años, que llevaba pantalones de trabajo, en principio, todo normal.

Cuando mi mirada perdida, se fijo en la chica, un movimiento de una de las piernas de la chica, me obligó a cambiar mi mirada hacia el joven currante.

La joven, con el pelo moreno rizado, tenia los ojos castaños y grandes, marcaban incomodidad y cierto nerviosismo. Cada vez su cuerpo se iba aproximando más al lado de la ventana.

La vergüenza le hizo, no decir ni palabra, ante la sensación de tener a un “cerdo” como acompañante de viaje.

Me pareció surrealista. Recuerdo ese  momento perfectamente.

Cuatro asientos de tren de cercanías, enfrentados, dos y dos, yo justo enfrente de la atractiva muchacha, al lado de ella, el chico, y delante de él, y justo a mi lado la señora mayor, que iba pensando en sus cosas.

De repente mantengo la mirada de nuevo hacia la chica y por un momento, pareció que intentaba decir algo, pero algo no la dejaba hablar, por temor o por yo que sé.

Por un segundo, observo al chico joven, como movía su pierna izquierda lentamente, arrimándola hacia la pierna de la compungida chica, y cada vez el movimiento del chico se producía más rápido y casi empujando a la muchacha.

No daba crédito, un vagón de cercanías lleno hasta la bandera, y un baboso, intentando rozarse, pierna con pierna con la joven muchacha, que ya no sabía ni como colocarse.

Logre coincidir un par de miradas con la chica, y le propuse cambiar el asiento, y fíjate si estaba concentrado nuestro amigo, que no se dio cuenta de mi proposición a la chica, el cada quince o veinte segundos, rozamiento. Asqueroso.

De repente me acordé de mis hermanas, todos los días suben en el metro, cercanías o autobús, y me encendía por momentos. No dude en mirar fijamente a la muchacha, pero no soporté más la situación, y ante el acoso del “pesao”, se me escapó una “ligera” patada en la espinilla, mientras al unísono, le dije textualmente: “¡¡ya vale con la piernecita…!!”

Con la cara de mala ostia, y el tono de voz, fue suficiente. Ante mi reproche, ya que continué explicándole al susodicho una serie de apreciaciones, se bajó como un rayo en la siguiente parada.

A la joven muchacha le cambió la cara, parecía hasta más hermosa, otro color. Cambio de estar completamente arrinconada, a poder reposar la espalda, y así respirar profundamente.

En cuestión de segundos, y cuando tomo aire, la joven con voz delicada y amable, me agradeció, con un suave: “muchas gracias…no sabía que hacer…muchas gracias” No bastó nada más. Yo también descanse y personalmente, ver la cara de alivió, de agradecimiento, de tranquilidad en la imagen de la joven mujer, me dejó una alegría inexplicable.

Fue una sensación de haber ayudado a esa muchacha, que realmente estaba pasando un mal rato, y que seguramente cualquiera de nosotros hubiera hecho lo mismo.

Busque la mirada de la chica, cuando ella caminaba por el andén, y mientras el cercanías continuaba su ruta, me di cuenta que, a veces, no hace falta hablar para agradecer algo. Coincidimos en la búsqueda, y el brillo de los ojos de esa desconocida, hablaban por ella, y su media sonrisa, era la señal perfecta para justificar mi acción. 

Y tú, ¿que harias?

Quien vive entre los deleites y los vicios a de espiarlos luego, con la humillación y la miseria  - Friedrich von Schiller

domingo, 11 de abril de 2010

¿Valió la pena? El desenlace


¿VALIO LA PENA?

Cuando la ley ya no sirve empiezan las guerras.
Pero la policía tiene que librar pequeñas guerras todos los días,
 sin saltarse la ley


CAPITULO VI -
-El Desenlace-

         El regreso fue aún más duro y los días siguientes peor todavía.  El cuerpo le pedía levantarse y tirar para Comisaría, pero se quedaba acostado dándole vueltas a la cabeza hasta que su esposa le obligaba a levantarse y le mandaba a hacer  algún recado. Los días  le parecían interminables y ni la música,  ni la lectura,  ni ninguna de aquellas cosas que pensaba haría cuando no tuviera nada que hacer,  le conseguían arrancar de su amargura.

         Ya ni siquiera veía a sus antiguos compañeros, no se le había perdido nada por la Comisaría y cuando tenía que ir porque le llamaban para firmar algo o para darle alguna citación, si alguno compartía con él un café parecía que tenía que agradecérselo por haberle dedicado algo de su tiempo. También le molestaba ver su despacho, el que no tenía que haber dejado nunca,  ocupado por aquel chico,  aparentemente,  tan ambicioso.

         La tarde era cálida y la luz limpia. La plaza estaba llena de gente y había un bullicio especial, aunque él no lo escuchaba. Aunque su esposa se empeñaba en que salieran todas las tardes a dar un paseo para que se distrajera, él seguía ensimismado dándole vueltas a la cabeza con las malditas mismas preguntas de siempre. ¿Que podía haber hecho?  Y si no hubiera hecho nada ¿qué habría pasado?  ¿Habría alguien en el mundo que pudiera decirle qué hubiera sido lo adecuado?

         Fue un golpe seco, certero  y contundente. Un balonazo vino a estrellarse contra sus sienes y casi le tira al suelo. Instintivamente cogió la pelota y durante unos segundos quedó absorto mirándola, tratando de recomponerse. El chico, de unos nueve o diez años, frente a él, con cara de asustado  y con la voz temblorosa le dijo:

         -Por favor señor ¿me da mi pelota?

         Fueron solo unos segundos y contestó: “Si claro”, mientras  se la extendía suavemente.

Permaneció quieto,  observando como el chico regresaba junto a sus amigos y reanudaban sus juegos.

Fue entonces cuando su esposa, mirándole a la cara como lo hacía siempre en los momentos importantes y sin que en  su tono pareciera existir reproche sino más bien una gran dosis de ternura y comprensión,  le dijo:

-Volverías a hacerlo  ¿verdad?

------------FIN------------                    


domingo, 4 de abril de 2010

¿Valió la pena? Capitulo V



¿VALIO LA PENA?

Cuando la ley ya no sirve empiezan las guerras.
Pero la policía tiene que librar pequeñas guerras todos los días,
 sin saltarse la ley


CAPITULO V

Sencillamente esperó la secuencia lógica de los acontecimientos. Nada le iba a sorprender, estaba preparado. 
 No le  afectaron las noticias de la prensa ni las felicitaciones de las autoridades de la ciudad, ni de sus superiores. Ni siquiera abrió los telegramas y mail que le iban llegando. Si acaso lo que más le afectó fue la entrevista con los padres. Aquellas miradas de cariño y agradecimiento,  no las olvidaría con facilidad.
Él esperaba. Sabía lo que iba a pasar. La aplastante lógica de las cosas era inevitable.  Habló con Encarnita y le dejo caer que tenía que estar preparada para algo malo, pero no quiso explicarle más.
Fue una llamada del propio Juez a su despacho. Le decía que había sido denunciado por el detenido por un delito de torturas y que se veía obligado a recibirle declaración en calidad de imputado,  que debía comparecer en el juzgado a la mañana siguiente con asistencia de abogado. Lo sentía mucho pero tenía que comprender que era su obligación y no podía hacer otra cosa, que si lo deseaba podían aplazar la diligencia hasta que recibiera asesoramiento pero que no le quedaba más remedio que incoar diligencias por tan lamentable asunto. Procuraría que no trascendiera a la prensa para evitar escándalos y apelaba a su profesionalidad para guardar también el secreto.

El secreto. ¿Qué secreto?   ¿Podía acaso ocultárselo a su familia, a sus jefes, a sus compañeros de la Comisaría, a sus subordinados?  ¿Que podía contar sobre aquello?  ¿Qué maldita versión podía inventarse?
 Lo hecho,  hecho estaba y era ridículo y de imbéciles ocultarlo. Nadie hablaba del tema pero todos lo sabían.  Hasta la prensa parecía que se había puesto de acuerdo para no remover sobre el asunto, pero era cuestión de días,   tarde o temprano aquello iba saltar.
Varios abogados de la ciudad se ofrecieron para asistirle. Le daba igual, no tenía interés en su defensa. Llegado el momento y una vez en el Juzgado simplemente miró al Juez y al fiscal y les dijo:
- ¿Que puedo declarar?  Miren, de esto no voy a comentar nada, ni voy a contestar a ninguna pregunta. Ya saben las respuestas.  Ustedes hagan lo que tengan que hacer.
El Fiscal a modo de disculpa apuntó:
-Usted sabe que el fin no justifica…
-Por favor, - interrumpió-  no siga, cualquier cosa que me digan ya me la he dicho yo mil veces,  pero pónganse en mi lugar y díganme  que hubieran hecho ustedes.
 No hubo respuesta.
Después de todo podía haber sido peor, de momento no le ingresaron en prisión.
         Cuando volvió a la Comisaría notó que había algo de revuelo. Aquello seguramente sería cosa del impetuoso  García:   Jefe estamos con usted y si necesita algo aquí nos tiene. Es una canallada lo que quieren hacerle.
         - Señores, dijo con aquella particular forma que tenía de hablar,   las cosas son como son y están como están y no las va a cambiar nadie. Muchas gracias a todos y ustedes a lo suyo, a trabajar que es para lo que les pagan.
Dos días después le llegó el oficio vía Jefatura Superior, con una nota personal del jefe: “Mi querido Miguel, lamentándolo mucho debo comunicarte que la Dirección ha acordado tu suspensión temporal de empleo y sueldo conforme al artículo … del reglamento… en tanto se sustancian las diligencias previas... En estos momentos tan duros quiero mostrarte la solidaridad de todos tus compañeros… Te  adjunto la resolución de…”.
Poco tenía que hacer allí. No tenía ni efectos personales en su despacho. Reunió a la plantilla en el patio de la Comisaría, les agradeció su colaboración y el afecto recibido de todos ellos, y dio sus últimas instrucciones:   Bermúdez  queda al mando de la comisaría mientras envían un sustituto,  yo me vuelvo con mi familia. Otra cosa García, no organice usted despedida ni nada,  puede que dañe la imagen de la Policía.  Y fingiendo una inexistente entereza, extendió su mano y uno a uno se fue despidiendo de todos.
-No jefe,   usted no se puede ir así. Usted ha dado  la cara y nosotros la sabemos dar también, la gente está con usted y esto es una canallada.
-García, déjelo y no echemos más leña al fuego.
Volvió a pasar por las puertas del club, debían estar limpiando porque la persiana estaba medio bajada; se inclinó y se asomó: Sonaba “Angie” de los Rollings.  La chica le vio y le reconoció.
- Pase,  pase,  ¿quiere una copa? 
-No gracias es  solo que….   me marcho.  Quería decirle adiós.
           -Si claro,  ya me he enterado,  supongo que no le queda más remedio que irse,  pero mire, no todos los hombres tienen los c… de hacer lo que usted ha hecho. Vuelva, ha dejado aquí muchos amigos.

continuará............

Fuente: Internet