¿VALIO LA PENA?
Cuando la ley ya no sirve empiezan las guerras.
Pero la policía tiene que librar pequeñas guerras todos los días,
sin saltarse la ley
CAPITULO IV
El guardia de puerta no le esperaba tan pronto, así que se sorprendió por su llegada y lo enérgico de sus modales:
-Sacad al detenido y llevadlo a mi despacho.
Colgó con cuidado la chaqueta y esperó.
Había oído, incluso leído que existían métodos eficaces para estos casos. Nunca les había prestado atención, no iban con él; estaba convencido de que con un “cara a cara” sería suficiente.
Cuando subieron se dirigió al detenido y le ordenó: Siéntese. Vds. pueden retirarse, voy a hablar con el detenido y ya les llamare cuando termine.
García se interpuso: ¡Jefe, déjemelo a mí ¡
- No, déjenme solo, lo que hay que hacer tengo que hacerlo yo. Espéreme abajo.
- Deje que me quede con usted, insistió.
-No García, gracias, pero lo que hay que hacer tengo que hacerlo yo sólo.
No podía consentirlo; jamás hubiera permitido que un subordinado cargara con algo que le perjudicaría. Tenía que ser él.
Mientras lo subían cogió el Código y buscó. Realmente no tenía que consultar nada, lo había mirado ya tantas veces en las últimas horas, que se lo sabía de memoria:
Artículo 174. Código Penal. Comete tortura la autoridad o funcionario público que, abusando de su cargo, y con el fin de obtener una confesión o información de cualquier persona….., la sometiere a condiciones o procedimientos que por su naturaleza, duración u otras circunstancias, le supongan sufrimientos físicos o mentales,…. El culpable de tortura será castigado con la pena de prisión de dos a seis años… e inhabilitación absoluta de ocho a 12 años
Apenas pasaron dos horas. Volvió a llamar a los guardias y les ordenó:
- Llévense al detenido y que lo vea un médico. Llamen a una ambulancia que nos acompañe.
Miguel, el Comisario, parecía otro, como si hubiera crecido. Ejercía la dirección con una extraña seguridad y firmeza.
Hicieron acopio de todas las linternas, oficiales o particulares que encontraron y montaron en los coches.
- García suba conmigo y conduzca, los demás sígannos.
Sacó un croquis y empezó a dar instrucciones:
- Tire por el camino de las canteras y avance unos cinco kilómetros. Al pasar el pozo gire a la derecha. Métase hacía la montaña por el cauce del arroyo. Suba hasta la hilera de castaños a la izquierda. Cuente las cuevas, pasada la quinta según subimos a la izquierda. Pare el coche. Vamos para arriba. Sí hacia aquellos peñascos. Alumbren por aquí, por aquí… Si debe ser esto.
Tapada con matojos, piedras y tierra, de modo que ni el mejor perro adiestrado la habría encontrado, apareció la entrada a la cueva. Una oquedad de apenas un metro de anchura.
-Morales, entre y mire.
Tuvo que arrastrarse y avanzar cinco o seis metros y allí, al fondo, atada de pies y manos, metida en un saco y en las peores condiciones que un ser podía estar, estaba la niña. Fría, casi muerta, pero viva, respirando; muy débilmente, pero respirando.
¡Está aquí!, ¡respira!, ¡está viva!. Y mientras que aquel corazón latía aunque muy débilmente, pareció que los corazones de todos los demás se pararon.
Reptando de espaldas y con todo el cuidado, Morales pudo sacarla. El médico le tomó el pulso, le aplicó oxígeno y la metió en la ambulancia, se volvió al Comisario y le dijo:
-“Gracias a Dios, creo que hemos llegado a tiempo”.
Miró a su alrededor y evaluó. Habrían tardado, meses en encontrar aquel agujero, si es que lo conseguían porque lo más probable es que quedara enterrada viva o fuera devorada por las alimañas. Estaba claro: el Cabrero no había tenido valor para matarla y la había abandonado a su suerte.
- Quédense ustedes aquí, y acordonen esto hasta que vengan los de científica por la mañana, ordenó a dos policías, y respirando profundamente se volvió a García que le miraba con asombro y admiración y le espetó. ¿Tienes el teléfono de los padres? Llámales y diles lo que hay, que vayan al hospital que su hija está viva.
continuará...........
Fuente: Internet
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