¿VALIÓ LA PENA?
Cuando la ley ya no sirve empiezan las guerras.
Pero la policía tiene que librar pequeñas guerras todos los días,
sin saltarse la ley.
CAPITULO III
Algo le atrajo hacía el local y eso que hacía años que no entraba en uno de esos. Puede que fuera la música, sonaba “le Meteque” de Moustaki. Estaba casi vacío. Sus rojas y azuladas luces le dejaron distinguir a una pareja en una mesa y la cara de la camarera en la que podían leerse las marcas de muchas horas de barra. De rara belleza, aquella mirada y media sonrisa la hacían muy atractiva.
- Un whisky, por favor.
- ¿De malta?
- Sí, de malta.
Tenía la garganta reseca y quizás le hubiera venido mejor un gin-tonic, pero necesitaba algo más fuerte que le arrancara aquella maldita flema.
Ella se separó discretamente y casi de dos tragos consumió el licor. Sacó la cartera y la llamó.
-¿Que le debo?
-¿Quiere otra copa?
-No gracias.
-No le voy a cobrar. La casa invita.
-¿Porque?
-Acaba usted de salir en la tele y, francamente, no le envidio.
-Bueno, muchas gracias pero insisto, cóbreme.
-No le voy a cobrar y le digo más, me gustaría ayudarle pero, perdone que le diga -y la sonrisa se transformó en una intensa y fija mirada-, usted no necesita ayuda de nadie, usted ya sabe lo que tiene que hacer.
Era curioso; era como si una fuerza misteriosa le hubiera hecho entrar en aquel local para obtener, de la forma y de la persona más inesperada, la respuesta a la pregunta que en las últimas horas le atormentaba.
Apenas avanzó por la acera un par de pasos. Se detuvo, miro de nuevo hacia el interior del club donde todavía ella le estaba observando, giró y se volvió a la Comisaría.
continuará.........
Fuente: Internet
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