sábado, 6 de marzo de 2010

Impotencia Voraz


La impotencia y la preocupación, resaltaban en los ojos de todos los compañeros, mientras te van contando el incidente, les cambia la cara por momentos, mejor casi no hablar. El servicio de tarde ya estaba cuesta abajo, cuando la llamada de la sala, algo confusa, comisiona a varios indicativos a la Avenida de Madrid de Zaragoza.

A la llegada de los indicativos, las llamas desbordaban el balcón y una señora mayor, de origen chino, se aferraba a los barrotes como vía de escape.

Menudo panorama, todos los servicios disponibles, trabajaban al 100%, para ayudar, ya no a los residentes del piso, si no a todos los vecinos del bloque, con orden y con la máxima precaución.

La aparatosidad del incendio congregó a cientos de curiosos en el entorno del edificio y la Policía Local tuvo que cortar al tráfico un carril, lo que provocó retenciones en la zona, cada servicio tiene sus tareas.

Un incendio difícil de sofocar, y según los bomberos, el fuego se inició en el salón del piso, en el que la familia residía en régimen de alquiler. La labor resultó complicada porque la familia china apenas hablaba español.

La abuela salió junto con los niños de 3 y 5 años al balcón para protegerse del fuego y pedir ayuda, pero las llamas alcanzaron primero a los pequeños y murieron carbonizados. A la anciana se le prendió el pelo y la manta con la que se protegía y se descolgó por el balcón apoyándose en una canaleta del edificio contiguo para intentar salvarse.

Los bomberos rescataron a la señora, que fue trasladada al Hospital Miguel Servet en estado grave, con quemaduras en el 40% de su cuerpo y afectada por la inhalación de humo. Seguidamente los bomberos sacaron los cuerpos de los dos niños de 3 y 5 años que fallecieron carbonizados.

Vaya noche y que impotencia, ser tú el que tiene que velar por salvar a esa gente y, ante la imposibilidad de lograrlo, retenerlo en la memoria por tiempo infinito.

Las sensaciones de todos los presentes, se podían palpar, el ruido de las llamas asesinas, se sentían como ruido de mar al romper contra el espigón. El olor del humo final entristecía a todos los curiosos y el miedo se hacía sentir en las miradas de todos.

Una historia triste donde dos niños han perdido la vida de una manera trágica, donde la desgracia se comparte con todos los que, por ser lo que son, intervinieron con la intención de poder evitarlo, bomberos, servicios sanitarios, Policía Local, Policía Nacional…



No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son lo que inspiran más temor.



Alejandro Dumas

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