Patrullando una noche fría, cuando por la calle no se ve ni un alma, y el calor de la calefacción del vehículo, presiona la cabeza para que se te cierren los ojos y te relajes de tal manera que el sueño te agota y te avisa, de que la noche está a punto de terminarse.
La jornada nocturna parece acabar, pero a las 5: 45 decides repostar el vehículo, que de tantas vueltas sin sentido, según dicen los incrédulos, tenemos el coche “seco”.
Acudimos a una gasolinera habitual, donde a la empresa nos hace “precio”, y mientras mi compañero reposta el vehículo, observo que el dependiente mantiene la mirada hacia un vehículo estacionado en la parte final de la gasolinera. La curiosidad, me dice que este chico, o tiene un sueño que no puede más, o está inquieto por algo, y sin más, me dice:
- Los de ese coche, me han pedido que les habrá la puerta dos veces. Y a esta hora lo tengo prohibido…bueno a vosotros sí claro. Pero son raros ehhh!!
Antes de que me diera cuenta mi compañero tras repostar, se dirige a los baños y hacia el vehículo en cuestión. Ante la duda, en alerta, voy a ver que pasa.
Salen del baño dos individuos, que al ver nuestra presencia, aceleran el paso para dirigirse al vehículo. Uno de ellos se mete en el vehículo y tras aportarnos la documentación, mi compañero observa que en la parte trasera del vehículo hay una escopeta de cañones recortados, y en décimas de segundo…sin yo saber nada de lo visto por mi compy sucede lo siguiente:
Uno de los “malos”, el que estaba a mi lado sale corriendo y en un acto reflejo, me aferro a él y consigo tirarle al suelo, y ante el nerviosismo, le engrilleto, por lo que pudiera suceder, y ante mi, veo como el otro individuo, arranca el vehículo y da marcha atrás, quedando mi compañero atrapado entre la puerta del conductor, que estaba abierta, y el vehículo…como puede se aferra a la puerta y el conductor intenta tirar a mi compañero en marcha, con la intención de huir y quitarse del medio.
Por suerte mi compañero cae hacia atrás con la fortuna de no ser atropellado. Ante todo el revuelo, la emisora que desconoce lo sucedido, no deja espacio, para avisar del peligro en el que estábamos metidos y la tensión nos hizo despertar de un plumazo a los dos.
Al fin y al cabo, tenemos a uno de los dos, sus intenciones eran claras, querían atracar la gasolinera, y según el dependiente, habían insistido en entrar dentro de la tienda, menos mal que estuvo fino el chaval, y menos mal que aparecimos allí, pensaría el dependiente.
La rabia contenida hacia retroceder al cerebro, pensando, si hubiéramos hecho esto, o lo otro, pero no te da tiempo a nada, lo importante es que ambos estamos bien y hemos evitado un atraco, que a saber como hubiera terminado.
Si a este individuo le da por coger la escopeta, nos “funde” a tiros y tan tranquilo, y ahí acabó nuestra historia, una pena.
Nunca se sabe cuando estamos en peligro, la intervención más simple o más cotidiana, puede cambiar y convertirse en un peligro, para todos.
Estamos vivos y podemos contar las cosas, además una situación como esta, crea un vinculo especial con el compañer@, en este caso, se trataba de una pareja mixta, pero en el fondo y en la forma, nos da igual. El peligro no te avisa.
En cuestión de segundos y después de una noche “tranquila”, al repostar el vehículo, nos vemos inmersos en una “movida” que no nos esperábamos. Gajes del oficio, pero la tensión acumulada dura más de lo que pensaba.
Durante varios días le das vueltas a la cabeza pensando en ese “malo” que se te escapó y además con una escopeta con cañones recortados, pero era cuestión de tiempo…el ignorante no se marchó de la gasolinera sin dejar su DNI, que teníamos en nuestro poder, ya que supongo que el también estaría nervioso y nos lo dio antes de decidir huir.En la calle hay sorpresas y esta fue una de ellas, cuando llegas a casa después de una noche como esta, lo primero que valoras es el cariño de tu pareja o de tus hij@s, que aunque estén dormidos, reciben el beso o la caricia, que acostumbras a darles, hoy, si nos descuidamos, no reciben ese beso.
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.
Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés


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